
Las calderas de gasóleo serán con el tiempo cada vez menos instaladas debido al elevado precio de este combustible. En su lugar, es de prever que durante los próximos años las sustituyan las calderas de condensación a gas, sistema que ya es el más extendido para la producción de calefacción en países como Alemania. Las calderas de condensación, además, reciben subvenciones a su instalación. Disponen de dos tipos de subvenciones: unas son las subvenciones especialmente asignadas a su
adquisición; las otras son las correspondientes a los diferentes Planes Renove de las Comunidades, que sólo ofrecen subvenciones cuando la vieja caldera es sustituida por una de condensación.
Otra de las opciones de calderas eficientes son las calderas de biomasa. Estas calderas aprovechan combustibles vegetales que muchas veces proceden de materiales de residuos, con lo que se revaloriza un material que era considerado basura. Es cierto que las calderas de biomasa emiten CO2 durante su combustión, pero este CO2 es considerado nulo, ya que se trata del mismo CO2 que ha absorbido la planta durante su crecimiento. Las calderas de biomasa también reciben subvenciones, y además presentan otra serie de ventajas, como que su uso ayuda a controlar el riesgo de incendio dado que consumen residuos de las limpiezas forestales, y fomentan el empleo rural.