
Es posible generar electricidad por energía solar siguiendo dos métodos diferentes. Uno es el fotovoltaico, y otro es el termoeléctrico. La generación fotovoltaica tiene como ventaja principal que no requiere de inversiones tan elevadas, con lo cual pueden participar de ella pequeños inversores con ahorros familiares de a partir de 18.000 euros. La termoeléctrica, por el contrario, se presenta como una forma de generación de electricidad que requiere de grandes inversiones y compleja infraestructura. Pero presenta otras ventajas, como por ejemplo que un clima cálido la afecta positivamente, elevando el rendimiento de la instalación y produciendo más electridad, al contrario de lo que ocurre con la fotovoltaica. Otra ventaja es que no depende de materiales caros o escasos para producir su electricidad. Una instalación termoeléctrica consiste simplemente en una serie de heliostatos -espejos que giran siguiendo al sol-, que reflejan los rayos solares sobre un fluido que se convierte en vapor debido a la subida temperaturas. Este vapor mueve una turbina que produce electricidad.
La energía solar fotovoltaica consiste en la producción de electricidad mediante la energía del sol. Esta electricidad puede ser utilizada por uno mismo o puede ser vendida a la compañía eléctrica, obteniéndose un beneficio a cambio.
La energía solar fotovoltaica se comenzó a utilizar en los años sesenta del siglo pasado, inicialmente sólo para la alimentación de satélites situados en órbita. Pero durante la década de los 70, y debido a la crisis del petróleo, se comenzó a investigar la posibilidad de usarla en tierra. Desde los años 80, la fotovoltaica es utilizada especialmente para la producción de electricidad en zonas rurales que no disponen de conexión a la red eléctrica nacional. Desde hace unos diez años, se está revelando así mismo como una inversión lucrativa, dado que en algunos países como España, Alemania, Italia y otros las compañías eléctricas se ven obligadas a comprar la electricidad que les vendan producida mediante energías renovables, a un precio superior al que les cuesta a ellas mismas producirlo. La fotovoltaica es una inversión interesante, fundamentalmente porque permite la inversión a partir de 18.000 euros, de forma que casi cualquier particular puede convertirse en productor de una electricidad limpia y renovable de la que se beneficia todo el país. Existen otras técnicas de producción de electricidad mediante energía solar, pero requieren de grande inversiones de capital del que sólo disponen las empresas grandes, tales como Abengoa, Acciona o Iberdrola.
A menudo olvidamos que somos unos privilegiados que tenemos agua potable simplemente abriendo un grifo, o que disponemos automáticamente de luz cuando accionamos un interruptor. Pero en muchos lugares del planeta, la electricidad brilla por su ausencia, y por la noche se iluminan con peligrosas lámparas de queroseno u otros combustibles peligrosos. En muchos lugares aislados, no disponen de más forma de comunicación que un teléfono móvil, pero en medio de la selva, la estepa o la sabana no hay enchufes... La fotovoltaica es una salida sencilla para cubrir un mínimo de necesidades de electricidad.
No hace falta irse a África para encontrarse con estas carencias. A menudo, chalets situados en urbanizaciones no legalizadas a lado de ciudades convencionales no disponen de conexión eléctrica, a menudo porque la compañía hace pagar al usuario el coste de alargar la red unas pocas decenas de metros. Pocos están dispuestos a pagar miles de euros por poder utilizar sus servicios, y muchos recurren a los grupos electrógenos alimentados por gasóleo. La fotovoltaica es un sistema más rentable, limpio y ecológico para cubrir estas necesidades.
En muchos países europeos instalarse unas placas solares y vender la electricidad es un negocio seguro avalado por el estado, además de que se colabora en la creación de un modelo energético más sostenible para todos. Es posible desde poner solo unas pocas placas sobre el tejado propio, hasta tener una megainstalación sobre una nave industrial.
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Hace unos años grandes capitales invirtieron en las llamadas huertas solares, en Latinoamerica denominadas granjas solares. Éstas consisten en filas de módulos fotovoltaicos instalados sobre el suelo en terreno agrario, destinados a la venta de la electricidad. Alemania y España han limitado este tipo de crecimiento fotovoltaico por considerar que fomenta la especulación, y ahora se estimula más las instalaciones fotovoltaicas sobre cubiertas industriales.
El tipo de instalación fotovoltaica más común en nuestros días. Presenta varias ventajas frente a las huertas solares. Fundamentalmente, se reduce el riesgo de especulación, se libera espacio destinado a la agricultura, se dispone ya de un punto de conexión a la red eléctrica y se beneficia de la energía solar fotovoltaica el tejido industrial y empresarial, que puede alquilar una cubierta industrial que de otro modo no ofrece ningún beneficio.
Existen muchos tipos diferentes de módulos fotovoltaicos, pero los más extendidos todavía hoy en día son los módulos rígidos basados en el sicilio. El silicio es un material muy abundante, pero resulta muy caro obtenerlo puro, porque es necesario someterlo a un proceso de depuración en dos fases donde es calentado a elevadas temperaturas. Por este motivo, se ha investigado e incluso comercializado otro tipo de materiales, aunque de momento no han alcanzado el éxito comercial del silicio, por diferentes factores.
Algunas instalaciones fotovoltaicas:
Fotovoltaica en Barcelona
Fotovoltaica sobre cubierta industrial en Valencia
Fotovoltaica sobre nave industrial
Electrificacion zonas aisladas
Bombeo fotovoltaico
Fotovoltaica aislada en Galicia
Fotovoltaica autonoma en Catalunya
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Fotovoltaica sobre cubiertas industriales

Módulos fotovoltaicos

Huerta solar fotovoltaica

Iluminación fotovoltaica

Bombeo fotovoltaico

El futuro: fotovoltaica para nuevas aplicaciones. Ya es posible imprimir fotovoltaica sobre plástico transparente y flexible, lo que abrirá un nuevo mercado a esta renovable