
Soliclima desarrolla soluciones energéticas basadas en la eficiencia energética y en las energías renovables. Instalamos, mantenemos yreparamos todo tipo de calderas de alta eficiencia energética o de biomasa.
Cuando queremos disponer de una calefacción eficiente, es necesario recordar que debemos tener en cuenta no sólo la forma de producción de la calefacción, sino también la forma de distribuirla. No nos sirve de mucho una caldera de alto rendimiento, si luego las tuberías del sistema de calefacción no están bien aisladas. De la misma forma, conseguiremos eficiencias optimizadas si utilizamos sistemas de distribución de calor que también son de alta eficiencia energética, como por ejemplo el suelo y techo radiantes o los radiadores de bajo consumo. Estos radiadores de bajo consumo no tienen nada que ver con lo que algunos llaman de bajo consumo, que son radiadores eléctricos y los denominan así porque alcanzan unas eficiencias del 100%, porque se aprovechan toda la energía que consumen. Eso es cierto, pero la calefacción mediante electricidad es realmente la más cara e ineficiente que existe, a pesar de ese porcentaje del 100%. Los radiadores eléctricos son un dispendio frente a la bomba de calor, que también calefacta mediante electricidad, pero alcanza rendimientos de hasta el 400%.
Lo mejor para evitar este tipo de sorpresas, es consultar con diferentes expertos en climatización, a ser posible de empresas reconocidas que ofrecen diferentes productos o de instituciones públicas especializadas, como el IDAE o el CENER.
Las calderas de bajo consumo son esenciales en un mundo obligado a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Por este motivo, las administraciones públicas ofrecen subvencions para la adquisición de calderas de este tipo que, por otro lado, serán un estándar dentro de pocos años en la UE, pues ya se está preparando la Directiva Europea que conducirá a construir edificios de emisiones cero, es decir, que se alimentarán en la medida de lo posible de energías renovables, instalando sólo dispositivos de muy alta eficiencia como sistema auxiliar de la calefacción.
En principio, nuestra recomendación es utilizar siempre que sea posible las calderas de biomasa, porque es el combustible más sostenible y ecológica siempre que no se masifique su uso. Además, su uso fomenta la limpieza forestal, lo que reduce el riesgo de incendios y aumenta el empleo rural. En segundo lugar, recomendamos las calderas de condensación, puesto que alcanzan ahorros de combustible fósil más elevados que las de baja temperatura. Y entre el gas y el gasóleo, es más recomendable utilizar calderas a gas, porque este combustible contamina menos que el gasóleo y previsiblemente se utilice durante más tiempo como combustible a nivel doméstico.
Las calderas de condensación son las calderas de bajo consumo más instaladas hoy en día. De hecho, en Alemania son ya un estándar que viene ya de obra. En todas las comunidades autónomas hay Planes Renove de Calderas, por los que se recibe subvenciones para sustituir calderas menos eficientes por estas otras, que consiguen ahorros de hasta un 40% de combustible gracias a que disponen de un sistema de combustión mucho más eficaz. Otro de los mecanismos que utilizan para el ahorro de energía es el aprovechamiento del calor contenido en el humo que produce la combustión, mediante un mecanismo que utiliza la condensación.
Al principio, sólo existían calderas de condensación de gas, pero hace unos dos años han saltado al mercado también las innovadoras calderas de condensación de gasóleo.
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Las calderas de baja temperatura son denominadas así porque están optimizadas para ofrecer su mejor rendimiento con demandas bajas de calor, al contrario que las convencionales. Las calderas convencionales están optimizada para trabajar a pleno rendimiento con las demandas de calor más elevadas, es decir, durante los días fríos del invierno, en los que ponemos la calefacción más alta y durante más horas. Pero el resto del tiempo, es decir, unos 300 días al año, no funcionan al máximo rendimiento; las calderas de baja temperatura, por el contrario están optimizadas para funcionar al máximo rendimiento durante esos 300 días al año, y el cómputo final da como resultado que ahorran más energía que las convencionales.
Las calderas de baja temperatura sólo están disponibles a gasóleo, y alcanzan ahorros de hasta un 30%, es decir, economizan menos que las de condensación.
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