
En España nunca nos había preocupado la eficiencia energética, dado que no tenemos climas extremos en general, tal y como ocurre en Alemania o Austria, donde el frío y la larga duración del invierno han conducido al desarrollo de técnicas de calefacción muy eficientes. Pero el cambio climático y la necesidad de rebajar emisiones de CO2 han conducido al gobierno español a tomar medidas en diferentes ámbitos con el objetivo de reducir estas emisiones. Una de las medidas son los Planes Renove de electrodomésticos y de Calderas, así como el fomento de las renovables. Gracias a estas medidas, podemos sustituir nuestras viejas calderas de combustibles fósiles por otras basadas por ejemplo,en la biomasa y en la energía solar. También es posible adquirir calderas de gas o gasóleo que disponen de rendimientos muy elevados, que ahorran hasta el 40% de combustible,con el consiguiente ahorro económico, aunque conviene aplicar siempre que sea posible las renovables, porque son recursos más ecológicos, fomentan la independencia energética y favorecen el desarrollo del empleo en nuestro país. Todas estas calderas están disponibles tanto a nivel doméstico como a nivel industrial. Existen experiencias de utilización industrial de la biomasa para la generación de calor -aunque también es posible usarla para producir electricidad. En Oviedo, 15 bloques de viviendas que compartían cuatro calderas de gasólo para producir su calefacción central han decidido de forma democrática sustituir las antiguas calderas por dos de biomasa, de 2 MW cada una. El resultado ha sido, según los vecinos, un ahorro anual de 120.000 euros en gasóleo. Noticia sobre la aplicación de calderas industriales de biomasa a la calefacción comunitaria
Las calderas de bajo consumo son esenciales en un mundo obligado a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Por este motivo, las administraciones públicas ofrecen subvencions para la adquisición de calderas de este tipo que, por otro lado, serán un estándar dentro de pocos años en la UE, pues ya se está preparando la Directiva Europea que conducirá a construir edificios de emisiones cero, es decir, que se alimentarán en la medida de lo posible de energías renovables, instalando sólo dispositivos de muy alta eficiencia como sistema auxiliar de la calefacción.
En principio, nuestra recomendación es utilizar siempre que sea posible las calderas de biomasa, porque es el combustible más sostenible y ecológica siempre que no se masifique su uso. Además, su uso fomenta la limpieza forestal, lo que reduce el riesgo de incendios y aumenta el empleo rural. En segundo lugar, recomendamos las calderas de condensación, puesto que alcanzan ahorros de combustible fósil más elevados que las de baja temperatura. Y entre el gas y el gasóleo, es más recomendable utilizar calderas a gas, porque este combustible contamina menos que el gasóleo y previsiblemente se utilice durante más tiempo como combustible a nivel doméstico.
Las calderas de condensación son las calderas de bajo consumo más instaladas hoy en día. De hecho, en Alemania son ya un estándar que viene ya de obra. En todas las comunidades autónomas hay Planes Renove de Calderas, por los que se recibe subvenciones para sustituir calderas menos eficientes por estas otras, que consiguen ahorros de hasta un 40% de combustible gracias a que disponen de un sistema de combustión mucho más eficaz. Otro de los mecanismos que utilizan para el ahorro de energía es el aprovechamiento del calor contenido en el humo que produce la combustión, mediante un mecanismo que utiliza la condensación.
Al principio, sólo existían calderas de condensación de gas, pero hace unos dos años han saltado al mercado también las innovadoras calderas de condensación de gasóleo.
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Las calderas de baja temperatura son denominadas así porque están optimizadas para ofrecer su mejor rendimiento con demandas bajas de calor, al contrario que las convencionales. Las calderas convencionales están optimizada para trabajar a pleno rendimiento con las demandas de calor más elevadas, es decir, durante los días fríos del invierno, en los que ponemos la calefacción más alta y durante más horas. Pero el resto del tiempo, es decir, unos 300 días al año, no funcionan al máximo rendimiento; las calderas de baja temperatura, por el contrario están optimizadas para funcionar al máximo rendimiento durante esos 300 días al año, y el cómputo final da como resultado que ahorran más energía que las convencionales.
Las calderas de baja temperatura sólo están disponibles a gasóleo, y alcanzan ahorros de hasta un 30%, es decir, economizan menos que las de condensación.
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