
Existen diferentes usos para la biomasa. En su aplicación doméstica, se pueden instalar calderas y estufas de pellets para producir calefacción y/o agua caliente. También existen calderas industriales que aprovechan la biomasa para producir calor o electricidad. Y finalmente, están las grandes centrales térmicas, equivalentes a las de carbón, que utilizan biomasa para la producción de electricidad en grandes cantidades. En Centroeuropa este uso se está extendiendo cada vez más, dado que las compañías eléctricas consiguen de esta forma reducir sus emisiones de CO2. En España, también se están instalando las primeras. Acciona proyecta una en Bibriesca (Burgos), que se alimentará a base de paja. Es cierto que no toda la biomasa tiene la misma potencia calorífica; unas son mejores que otras, y la paja es de las que menos calor ofrece, porque quema muy deprisa, pero si tenemos en cuenta los beneficios que ofrece, resulta rentable aprovechar este combustible, que será adquirido a nivel local, con el consiguiente beneficio económico para la zona. Cuando la biomasa debe ser transportada, sus beneficios medioambientales disminuyen, pero bien aplicada, fomenta de desarrollo rural de la zona, reduce las emisiones de CO2, y nos ayuda a tener un futuro más sostenible y a frenar el cambio climático. La central de Acciona en Burgos producirá 120 millones de KWh anuales, es decir, el equivalente al consumo de 50.000 viviendas en ese tiempo, a la vez que ahorrará el consumo de 881.000 barriles de petróleo. Ver noticia.
Por otra parte, León dispondrá de una central térmica a base de biomasa gracias a Acciona. Mediante este tipo de térmicas, se disminuye enormemente el consumo de CO2, al tiempo que se favorece el desarrollo económico de la zona, ya que en el uso de la biomasa lo más rentable es adquirir el combustible en la zona. Esta central producirá 200 millones de kWh anuales, y supone una inversión de 60 millones de euros y la creación de 30 puestos de trabajo directos.
La mayor parte de las renovables han sido energías utilizadas tradicionalmente por el ser humano, que se dejaron de lado cuando los combustibles fósiles irrumpieron en el panoráma energético. Pero la primera crisis del petróleo, en los años 70 del siglo XX, nos recordaron el peligro de depender únicamente de una fuente de energía que, además, suele encontrarse en manos extranjeras, lo que nos hace profundamente dependientes de la situación política y hace depender a su vez al precio de la energía de los devenires políticas de los países productores.
Por este motivo, ya en aquellos años se comenzó a despertar el interés por las energías renovables. En el caso de la biomasa, este tipo de combustible no se ha dejado de usar nunca, ya que en muchas ocasiones son los mismos habitantes del campo los que recogen leña para alimentar el fuego del hogar o para estufas de este material.
La diferencia ahora radica en que la biomasa tiene un estatus de enegía renovable de forma oficial, lo que significa que está fomentada desde las instituciones públicas. Además, el interés que como decimos ya se levantó en los años 70 por los combustibles alternativos, condujo a un aumento del consumo de las renovables en algunos lugares concretos. En Austria, por ejemplo, ya entonces se comenzaron a fabricar calderas de alto rendimiento que consumían leña, astillas o cereales, y desde entonces estos sistemas se han seguido optimizando continuamente, elevando la eficiencia, con lo que se aprovecha mejor el combustible, añadiendo sistemas de alimentación y limpieza automáticos, etc.
También se han desarrollado mucho las estufas de biomasa, leña o pellets, que presentan ahora diseños modernos y tienen algunas características que mejoran su confort. Por ejemplo, algunos modelos disponen de un horno integrado, de forma que el calor se puede aprovechar tanto para la calefacción como para la cocina de la casa.
Los combustibles utilizados en España para producir calefacción a partir de la biomasa son fundamentalmente los pellets y la leña, aunque también se están utilizando otros, como las cáscaras de almendras, las cáscaras de avellanas, restos de poda de vides u olivos, huesos de aceituna... Si bien es cierto que no todas las calderas están preparadas para todos los combustibles de biomasa. Es conveniente por este motivo consultar con el instalador y ceñirnos a usar únicamente el tipo de combustible recomendado para la caldera adquirida, porque de lo contrario nos arriesgamos a experimentar averías en nuestra instalación de calefacción.
Un beneficio adicional de la biomasa es que el fomento de su consumo reduce el riesgo de los incendios forestales. Esto se debe a que, cuando la mayor parte de la población era rural en España, eran los propios habitantes de los pueblos los que limpiaban los bosques en busca de leña para su cocina y calefacción. Pero la emigración hacia las ciudades ha dejado los bosques descuidados. Cualquiera que se de un paseo por un bosque cercano verá que está lleno de matorrales secos, de árboles caídos, de hojas secas... estos materiales constituyen la materia prima de los incendios, son los que avivan el fuego y por eso constituyen un riesgo que debe ser evitado. Teóricamente, se realizan limpiezas forestales, pero son muy pocos bosques los que realmente presentan un aspecto cuidado. El fomento del uso de calderas y estufas de biomasa fomentará la limpieza de estos bosques, donde se recogerá la leña para poder transformarla en combustible; de esta manera, se creaerá riqueza y empleo en el entorno rural.
Otra ventaja añadida es que los empresarios agrarios se pueden beneficiar del uso de la biomasa, de diferentes formas. La más básica es reutilizar rastrojos, astillas de madera, madera procedente de la poda, etc., para proporcionar calor, bien para la calefacción doméstica, bien para procesos productivos que lo necesiten. Pero hay otras opciones del aprovechamiento de la biomasa en el entorno empresarial rural. Es posible, por ejemplo, producir biogás con restos agrícolas o ganaderos fermentados. Este biogas puede ser combustionado para producir electricidad, que bien puede ser autoconsumida o vendida a la compañía eléctrica.
Finalmente, son cada vez más las comunidades de vecinos, polideportivos, etc. que se interesan por este combustible, gracias a las ventajas que presenta. Su precio es más económico que el de los combustibles fósiles, es más limpio y ecológico. Aunque emite CO2, este CO2 es considerado como neutro, porque se trata del mismo que ha absorbido la planta durante su crecimiento, y por tanto, no es como el CO2 emitido por los combustibles fósiles, que procede de un depósito que lleva enterrado miles y miles de años.
Todas las siguientes instalaciones son instalaciones de calderas para calefacción en viviendas unifamiliares
Caldera de biomasa en Barcelona
Caldera de biomasa en Madrid
Calderas de biomasa en Lleida
Calderas de biomasa en Girona
Caldera de pellets en Tarragona
• Caldera de astillas para la cárcel
• 60.000 nuevas calderas de pellets en la UE
• Calculadora de amortización de caldera de pellets
• La experiencia de una comunidad de Oviedo con una caldera de pellets
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• Algas como biocombustible
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•Cebollas para producir biogás
• Investigadores europeos desarrollan una herramienta de cálculo de viabilidad de las plantas de biogas
Calderas de biomasa en Barcelona
Calderas de biomasa en Madrid
Calderas de biomasa en Lleida
Calderas de biomasa en Tarragona
Calderas de biomasa en Girona
Se puede aprovechar el aceite usado en la cocina para producir biodiésel
Plantas de biogás: los excrementos del ganado pueden ser aprovechados para producir metano fermentándolos. Posteriormente, con el metano se produce electricidad, y el residuo seco se puede vender como abono natural. Se trata de una nueva línea de negocio que siguen cada vez más ganaderos europeos.